Una semilla, una maestra.

Hace unas semanas, preparé una semilla de aguacate (el hueso redondo que hay dentro del fruto) para que germinara y obtener un árbol. Clavé tres palillos en la semilla para sostenerla en un vaso con agua sumergiendo sólo la parte inferior, y esperé. Tardaban mucho en aparecer raíces, así que quise comprobar si lo había hecho bien. Y al encontrar la información sobre el proceso en internet, me di cuenta de que no había seguido los pasos correctamente. ¡Había puesto la semilla del revés! ¿Cómo iban a crecer las raíces hacia el cielo? Y, lo que era peor, ¿cómo podría el árbol brotar sumergido en agua sin pudrirse, suponiendo que llegase siquiera a asomarse?


Con el paso de los días, empezaron a brotar raíces. ¡Hacia abajo, en contacto con el agua, superando mis expectativas! Entre ilusionada y curiosa, cada día iba a ver la evolución. Las raíces se iban multiplicando, una de ellas, la central, con un grosor y una longitud nada despreciables. Pero ningún brote verde salía hacia arriba. Estaba claro que mi error había dado al traste con mi ilusión de tener un árbol de aguacate. Tenía muchas preguntas sobre cuál debía de estar siendo el proceso de esa semilla tan grande plantada del revés.


Pero está claro que todas mis preguntas no eran compartidas por ese aguacate, porque hace pocos días, empezó a asomar un brote verde que intenta tocar el cielo. La semilla no se ha preguntado por qué la he plantado del revés; ni tampoco se ha quejado de que así lo haya hecho; no creo que haya estado devanándose los sesos para saber hacia dónde tenía que crecer, si hacia arriba o hacia abajo. Simplemente, ha encontrado el modo de respirar y tener luz, que es lo que necesitan las copas de los árboles. Ante la imposibilidad de crecer recto, como es la forma natural de hacerlo, mi arbolito de aguacate inicia su vida –que deseo sea muy larga– haciendo un quiebro en la parte de su tallo que está pegada a la semilla: el tallo hace una curva y se dirige hacia arriba. De otro modo, habría topado con el agua.

Y quizá te preguntes por qué te cuento todo esto...


Te lo cuento porque he tenido en esta semilla a una gran maestra. Porque extraigo una valiosa enseñanza del proceso que he presenciado: la vida sigue fluyendo, a pesar de todo, y siempre encuentra el camino más orgánico hacia su realización. Tú eres vida, como yo, como todos los seres humanos. Si dejáramos de hacernos tantas preguntas sobre el por qué de ciertas cosas; si dejásemos de intentar encontrar culpables de nuestras dificultades y fluyéramos con la vida tal como es, sin pedirle que sea distinta –más a nuestro gusto y conveniencia personal–,nos daríamos cuenta de que vivir no cuesta tanto esfuerzo. Lo que desgasta es oponerse a la vida como es, a las cosas como son.


La vida sigue su curso, fluyendo. A veces, muy a nuestro pesar. ¿Cuánto estás tú dispuesto/a a fluir con ella?


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